El monstruo del sueño de Lola

De blanco a gris y de gris a negro, el negro fue primero un murmullo para luego ser un grito sofocante y exasperado. Vimos dos fuentes brillantes en medio de la negrura chispeante que emergía; estaba claro, era un monstruo. Apenas pudo abrir los ojos el alivio, manifestándose con un suspiro ahogado le cubrió desde los pies hasta la cabeza. Escuchó en medio del trance mañanero que alguien le llamaba “Lolita” y respondió con voz baja, casi en un susurro, quiso hablar más fuerte, pero la voz no respondía a sus deseos. Lola estaba calmada aunque confundida, cerró los ojos  y nuevamente el negro volvió, sin pasar por el blanco o gris; volvió de repente, deslizando su manto entre lo que parecía ser realidad y sueño. Yo también me confundí, pero seguí ahí, como si nada pasara, observando a Lola y a aquella negrura espeluznante que abarcaba la habitación, pero yo no estaba ya en el sueño de Lola, ahora estaba con ella ahí afuera, observando como se movía inquieta en la cama, como el sudor le corría por la frente, como los muslos al rozarse bruscamente se tornaban rojizos, Lola era tan bella y así como estaba en ese momento lo era mucho más.  Lola abrió los ojos y  se veía tan calmada al verse despierta, le llamé “Lolita” y me respondió casi en un susurro, como si supiera que me encontraba a su lado, me acerqué más y le cerré los ojos; blanco, gris, negro.

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Abrazos

Me sucede –poco, mucho- ya no importa

Que siempre que estás me desespero
Pero ¿por qué? No sé.
Siempre que estás, no soy
No puedo ser, me detiene tu presencia.
Me contengo tanto al estar tú
Es incomodo, mucho.
Pero si no estás es peor.
Te extraño, me incompleto
Me desarmo y me entristezco.
Es que te extraño siempre,
Porque ya no eres.
A veces creo que te mantiene vivo el café
Y hay telarañas en mis recuerdos contigo
No hay abrazo que me regales que no me haga llorar
Porque siento tu panza, tus costillas, tu corazón palpitando
Te siento vivo, nuevamente.
Y siento por ese momento como si me cargases de nuevo
Como si jugáramos nuevamente en el patio de mi abuela,
Como cuando te peinaba
Y te esperaba al llegar del trabajo.
Te siento vivo y feliz
Yo sé que tú también puedes sentirme así
Porque nuestros abrazos se transmiten recuerdos
Pero no hablamos de eso
Solo nos miramos luego y nos sonreímos con nostalgia
Como si aceptáramos mutuamente la culpa.

No me es fácil decir te amo a quien amo
No puedo por más que lo intento,
Pero en las madrugadas melancólicas
En esas en las que me encuentro intoxicada de alcohol
Me dan ganas de levantarme
Abrir la puerta de mi habitación y abrazarte,
Sorprenderte cuando duermes al lado de aquel triste cadáver,
Pero la recuerdo a ella y te odio.
Te culpo y me culpo y la culpo,
A todos y a nadie.

 

 

Partes

pexels-photo-207129Te sorbí hasta el alma,
Te obvié mis besos
Y tú camistaste lejos
Te perdiste consciente
Te fugaste del cielo
Mira, yo te esperaba en la tierra
Mira que yo te adoraba.
Tú sabías mis secretos
Eras mis cuentos
Mis problemas
Tú eras promesa
Eras más que palabras
Más importante que la poesía
Más importante que el arte.
Eras esperanza
Una locura
Un juego de mesa:
Adictivo
Azul; mi color preferido
El cielo y el mar
Y ahora castigo
Por no dejarme llevar del olvido
Por decorar tu nombre
Por no defender mi cordura
Por encerrarme en tus ojos.
Me recé los pasos
Me caí desnuda
Me estrellé sin dolor
Tú; sedativo
Ahora; secuelas.

 

Huidas

Estoy atrapada en este mísero cascarón que aunque no ha pasado por mucho se siente extenuado gracias a las tristezas silenciosas que lo han arrastrado hasta la dejadez. Me evaporo levemente todas las tardes en aquel suelo tibio por el sol mientras divago en mis más estúpidos pensamientos; entonces me dan ganas de huir. Pensé que era pasajero y que el sentimiento de huida que desde hace tiempo venía atormentando e irrumpiendo mi tranquilidad era causa de la expectativa y excitación que provoca saber que uno se enfrentará a algo nuevo, sin embargo aquí estoy en lo nuevo que en menos de poco se convirtió en una rutina que parece de años. Entonces fluye nuevamente aquella agonía que me desabastece y enerva la conciencia. Mis pensamientos sólo son un molesto enjambre de vocecitas que se enfrentan a sí mismas. No sé a qué edad llegó este vívido agotamiento que me engaña por pequeños períodos, pero no lo soporto ya. En todos lados me pica la piel y con ella todo mi ser y mi alma si es que existe alguna, en todos lados me siento espectadora, como si todo fuese una parodia de quinta y estuviese en el público, en las últimas filas, obligada por algún familiar o por algún compromiso fastidioso a estar allí, criticando y analizando todo, ironizando cualquier cosa, disfrutando pequeños lapsos en los que me dejo llevar por alguna escena aunque sin gracia alguna y estúpida sólo para poder resistir la estancia en la sala.

Así que me propongo vagar en sueños, pero no sueño nada, me castigo en las noches antes de dormirme, con el sueño entre los párpados, me contengo y le reprocho a mis sueños para que esta vez sí salgan a pasear por mis ojos cerrados y al día siguiente, aún sin conocer el mecanismo que hace que los sueños aparezcan hechos de imágenes y sonidos, la melancolía me acude. Tal vez en estos días me hunda en la cama y no quede nada de mí, tal vez me hunda en ese piso tibio y quede atrapada en el subsuelo para que el sentimiento de huida sea más que un maldito capricho sin explicación.

Sinsentido

Escribo y siento que siempre falta algo, como si las palabras las sacara de un cubito y aún quedaran palabras en el fondo del cubo en donde yo no alcanzo. Aunque  últimamente me pasa siempre en lo cotidiano, en la rutina; siento que hace falta algo en todo, siento que todo está incompleto.

A las flores les faltan pétalos siempre que las observo y las que parecen estar con los pétalos en armonía carecen de olor.

La tierra en la que camino parece siempre pedir a grito más granos, entonces para no desesperarme me digo “tal vez sólo es este pedazo de tierra en el que estás ahora” y me trago esa mentira que yo misma cocino.

Y los ríos, ¡ay, qué pesar! Parecen haber llorado tanto, parece que nadie les ayudase, esos sí que están devastados, siempre les falta agua, siempre. Están tan incompletos que ya todos se acostumbraron a verlos vacíos.

A los arboles siempre les faltan hojas, y cuando la brisa pasa, -a esa también le hace falta aire- forman berrinches, gritan, saltan, bailan… pidiendo ayuda, advirtiendo de la epidemia.

Pero lo más grave de todo son las personas, esas sí que no tienen salvación, están taaan incompletas que a veces no se ven unas a las otras, aunque estén enfrente. Esas sí que son caso perdido. Caminan en un sinsentido caótico hacia ningún lado, tambaleando por el mismo camino hasta que se caen o se acaba el camino.

 

 

 

 

 

 

 

 

Me voy

Nada respira ahora para calmarse

solo para no morir

aunque se quiera

aunque las complejas marejadas se extiendan hasta mis ojos

no caen gotas saladas

ya no hay agua en el cielo

ni centinelas en mi techo

ya no hay playa para dejar huella

o lombrices en los charcos

porque ya me voy

y no hay un adiós que no me encienda el alma

con llamas azules que murmullan dolor

ya me voy y aunque vuelva pronto

jamás volveré

porque ya me había ido

solo que sin rumbo

sin destino y sin sospechas

con paupérrimas ganas de seguir

con el alma fugitiva y entornada

 

Delirios

Aquella luna derrama con tristeza sus destellos de plata, y yo caminando sola.

El sendero se alarga hasta tus ojos y yo sigo caminando sola, adentrándome nuevamente allí donde siempre éstas, en donde no perteneces. 

La luna arrulla en el cielo a los luceros intranquilos y se mece como cuna en sus propios cráteres calmando la tempestad, y yo sola sentada en la tierra escuchando la melodía de tu risa que no sabe ser arrullo, más bien es un lamento que arrastra hacia tu boca mis besos forzándolos a ser eternos.

Podría ahora tocar tu figura hecha de recuerdos y confusión bajo esta luna, que en baños de plata augura locura, siendo yo astronauta sin traje ni cordura. ¿Cómo se compone a aquel poeta sin remedio? ¿Cómo se superan los delirios de la aurora? ¿Cómo se supone que se camina si la tierra en la que piso susurra tu nombre? 

Y miro a la luna brillante y tu estampa sigue allí, donde luna es espejo y tú no perteneces.

A un cielo que no he visto

Le escribo a un cielo que no he visto,

a montañas que no he escalado,

a mares en los que no me he sumergido,

a ríos en los que no me he bañado.

 

A miradas que no me miran,

a seres que no existen,

a instrumentos que nadie toca,

a palabras que nadie dice.

 

A llantos que no han surgido,

a pájaros que no han cantado,

a historias que no he vivido,

a música que no he bailado,

a poetas que no han nacido

a risas que no he escuchado.

 

A personas desconocidas,

a lugares que no he visitado,

a valientes que siempre lloran

a texturas que no he tocado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Diosa

Cuantos misterios guardas,
me da miedo leerte,
tal vez sea tarde para mi,
tal vez no pueda comprender.
Cuanto más conozco,
más me hallo ignorante,
pequeña y estúpida.

Muestrame así sea un poco
de tu inefable armonía,
así sea muy poco lo que mustres,
yo estaré agradecida.

He comenzado muchas veces,
pero el miedo:
Maldito y egoísta,
me quita la sed de saberte
de mirarte por primera vez
clara, concisa,
sin la sábana en la cara.

¿Será que yo algún día
podré saber de tus enigmas,
podré ser digna de tus signos,
de tus más grandes secretos?

¿No hay precio para estar en ti sin estar ciega?

Puede ser que algunos, sólo algunos tienen esa dicha, y si es así, sólo me
puede la envidia, porque verte es maravilloso y ahora, estar en ti, así como ellos estuvieron, debe ser éxtasis o debe ser muerte.

Pero qué importa,
yo moriría por saberte, por ser luz así sea un segundo y después quedar eternamente en la infinita oscuridad.