Delirios

Aquella luna derrama con tristeza sus destellos de plata, y yo caminando sola.

El sendero se alarga hasta tus ojos y yo sigo caminando sola, adentrándome nuevamente allí donde siempre éstas, en donde no perteneces. 

La luna arrulla en el cielo a los luceros intranquilos y se mece como cuna en sus propios cráteres calmando la tempestad, y yo sola sentada en la tierra escuchando la melodía de tu risa que no sabe ser arrullo, más bien es un lamento que arrastra hacia tu boca mis besos forzándolos a ser eternos.

Podría ahora tocar tu figura hecha de recuerdos y confusión bajo esta luna, que en baños de plata augura locura, siendo yo astronauta sin traje ni cordura. ¿Cómo se compone a aquel poeta sin remedio? ¿Cómo se superan los delirios de la aurora? ¿Cómo se supone que se camina si la tierra en la que piso susurra tu nombre? 

Y miro a la luna brillante y tu estampa sigue allí, donde luna es espejo y tú no perteneces.

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A un cielo que no he visto

Le escribo a un cielo que no he visto,

a montañas que no he escalado,

a mares en los que no me he sumergido,

a ríos en los que no me he bañado.

 

A miradas que no me miran,

a seres que no existen,

a instrumentos que nadie toca,

a palabras que nadie dice.

 

A llantos que no han surgido,

a pájaros que no han cantado,

a historias que no he vivido,

a música que no he bailado,

a poetas que no han nacido

a risas que no he escuchado.

 

A personas desconocidas,

a lugares que no he visitado,

a valientes que siempre lloran

a texturas que no he tocado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Diosa

Cuantos misterios guardas,
me da miedo leerte,
tal vez sea tarde para mi,
tal vez no pueda comprender.
Cuanto más conozco,
más me hallo ignorante,
pequeña y estúpida.

Muestrame así sea un poco
de tu inefable armonía,
así sea muy poco lo que mustres,
yo estaré agradecida.

He comenzado muchas veces,
pero el miedo:
Maldito y egoísta,
me quita la sed de saberte
de mirarte por primera vez
clara, concisa,
sin la sábana en la cara.

¿Será que yo algún día
podré saber de tus enigmas,
podré ser digna de tus signos,
de tus más grandes secretos?

¿No hay precio para estar en ti sin estar ciega?

Puede ser que algunos, sólo algunos tienen esa dicha, y si es así, sólo me
puede la envidia, porque verte es maravilloso y ahora, estar en ti, así como ellos estuvieron, debe ser éxtasis o debe ser muerte.

Pero qué importa,
yo moriría por saberte, por ser luz así sea un segundo y después quedar eternamente en la infinita oscuridad.

A quien no me lee

Le escribo a la soledad que es la única que me lee y a mis amigos, los que nunca tuve. A veces es suficiente, sí, suficiente de todo. Hay una epidemia de excesos que enferman y hasta matan, la vida por ejemplo, a veces hay tantas ganas de vivir que uno se aburre de estar vivo, por eso es mejor vivir con la muerte al ladito. Los dedos de alambre que me escriben estos versos desordenados que yacen y yerran en mi cabeza nunca tuvieron quien los sostuviera o quizás quien los abrazara atándolos contra los suyos. Miento, que sí tuvieron; mi mamá es mi sostén, mi alma, la llama que no deja que esta luz se apague y mi papá, pues yo soy su alma, somo iguales, nos sostiene la misma llama. Ella siempre me sostuvo estos dedos míos y siempre aunque no estuviera sentía su mano abrazando la mía, como un candado puesto sutilmente sobre mis alegrías, ahora que lo pienso bien, todos nos estamos apagando acá.

Todos cambiamos y a muchos nos cambian.

Estampa 

Tiene

Unas finas

Curvaturas

Que forman

Los labios 

Más celestiales

De este iniferno

Y unos cristales

Que reflejan

Mi figura,

Tiene

Unas perlas blancas

Atadas a sus cantos

A sus cuerdas,

A sus besos,

Siendo ellas 

Las más tristes

De esta comedia.

Tiene

Una nube

De hilos negros

Colgando

Hasta sus hombros,

Enredándose en su mirada,

En sus palabras 

Y en sus suspiros.

Tiene

una fina capa 

De pintura oscura

Que resalta en éste pálido óleo.

Tiene

un encanto 

De pájaro libre

Siendo él 

Quien se encerró 

En esta jaula.