Antes de ser

Estoy caminando sin sentir el suelo
sin dar los pasos
sin mirar hacia abajo
sin que me importe tropezarme
cayendo y sin pararme
estoy caminando con una venda en los ojos
y en la boca
y en los oídos
solo camino sin saber mi rumbo
sin compañía
sin ánimos
sin tristeza
o alegría
estoy siendo un objeto
estoy derrotada
cayendo en mis avismos
sin alimentar mis vacíos
vaciandome más
estoy sin calma
y también sin furia
estoy jodida
estoy esperando
sin esperanzas
estoy sentada
cansada de no andar
cansada de no saber
cansada de estar así
jodida
y no lloro
porque no tengo ganas
y no río
porque no tengo ganas
y no hago nada
porque no tengo ganas
y me quejo
por no tener ganas
no reprocho nada
no me importa nada
sin embargo
trato de hacer lo correcto
trato de que no me vean
para que no me juzuguen
y seguir caminando
con la venda en los ojos
en la boca
en las manos
hasta en los pies

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Indeleble

Carece de tristezas y penurias
carece de vacíos y amarguras
No tiene en su tallo espina alguna,
No tiene gota amarga en su lluvia.

Suspira y el viento es bendecido,
con su fina capa de bondad,
sonríe y la fiera de aquel tunel,
adopta por momentos la piedad.

Y vierte en el pecho de quien ama,
el olor de victoria y fantasía,
sostiene la bandera de juguete
que forma la tregua a la poesía.

Vanidosa manera tiene de ser
que el sol ya no es sol si no sale en las mañanas,
la luna no es luna si no observa la noche
y en el mar no hay olas si no camina por la playa.

Y el suspiro de la noche hiela el fuego de mi alma
y el cobarde que se queja siempre vuelve al mismo sitio
Y la aurora de este cielo se pasea con tanta calma
que un minuto es tanto tiempo que se esfuma el infinito.

Dejó palabras escritas,
dejó un arcoiris de acero,
dejó una nube bajita para subir hasta ella,
para viajar al cielo.

El monstruo del sueño de Lola

De blanco a gris y de gris a negro, el negro fue primero un murmullo para luego ser un grito sofocante y exasperado. Vimos dos fuentes brillantes en medio de la negrura chispeante que emergía; estaba claro, era un monstruo. Apenas pudo abrir los ojos el alivio, manifestándose con un suspiro ahogado le cubrió desde los pies hasta la cabeza. Escuchó en medio del trance mañanero que alguien le llamaba “Lolita” y respondió con voz baja, casi en un susurro, quiso hablar más fuerte, pero la voz no respondía a sus deseos. Lola estaba calmada aunque confundida, cerró los ojos  y nuevamente el negro volvió, sin pasar por el blanco o gris; volvió de repente, deslizando su manto entre lo que parecía ser realidad y sueño. Yo también me confundí, pero seguí ahí, como si nada pasara, observando a Lola y a aquella negrura espeluznante que abarcaba la habitación, pero yo no estaba ya en el sueño de Lola, ahora estaba con ella ahí afuera, observando como se movía inquieta en la cama, como el sudor le corría por la frente, como los muslos al rozarse bruscamente se tornaban rojizos, Lola era tan bella y así como estaba en ese momento lo era mucho más.  Lola abrió los ojos y  se veía tan calmada al verse despierta, le llamé “Lolita” y me respondió casi en un susurro, como si supiera que me encontraba a su lado, me acerqué más y le cerré los ojos; blanco, gris, negro.

Abrazos

Me sucede –poco, mucho- ya no importa

Que siempre que estás me desespero
Pero ¿por qué? No sé.
Siempre que estás, no soy
No puedo ser, me detiene tu presencia.
Me contengo tanto al estar tú
Es incomodo, mucho.
Pero si no estás es peor.
Te extraño, me incompleto
Me desarmo y me entristezco.
Es que te extraño siempre,
Porque ya no eres.
A veces creo que te mantiene vivo el café
Y hay telarañas en mis recuerdos contigo
No hay abrazo que me regales que no me haga llorar
Porque siento tu panza, tus costillas, tu corazón palpitando
Te siento vivo, nuevamente.
Y siento por ese momento como si me cargases de nuevo
Como si jugáramos nuevamente en el patio de mi abuela,
Como cuando te peinaba
Y te esperaba al llegar del trabajo.
Te siento vivo y feliz
Yo sé que tú también puedes sentirme así
Porque nuestros abrazos se transmiten recuerdos
Pero no hablamos de eso
Solo nos miramos luego y nos sonreímos con nostalgia
Como si aceptáramos mutuamente la culpa.

No me es fácil decir te amo a quien amo
No puedo por más que lo intento,
Pero en las madrugadas melancólicas
En esas en las que me encuentro intoxicada de alcohol
Me dan ganas de levantarme
Abrir la puerta de mi habitación y abrazarte,
Sorprenderte cuando duermes al lado de aquel triste cadáver,
Pero la recuerdo a ella y te odio.
Te culpo y me culpo y la culpo,
A todos y a nadie.

 

 

Partes

pexels-photo-207129Te sorbí hasta el alma,
Te obvié mis besos
Y tú camistaste lejos
Te perdiste consciente
Te fugaste del cielo
Mira, yo te esperaba en la tierra
Mira que yo te adoraba.
Tú sabías mis secretos
Eras mis cuentos
Mis problemas
Tú eras promesa
Eras más que palabras
Más importante que la poesía
Más importante que el arte.
Eras esperanza
Una locura
Un juego de mesa:
Adictivo
Azul; mi color preferido
El cielo y el mar
Y ahora castigo
Por no dejarme llevar del olvido
Por decorar tu nombre
Por no defender mi cordura
Por encerrarme en tus ojos.
Me recé los pasos
Me caí desnuda
Me estrellé sin dolor
Tú; sedativo
Ahora; secuelas.

 

Huidas

Estoy atrapada en este mísero cascarón que aunque no ha pasado por mucho se siente extenuado gracias a las tristezas silenciosas que lo han arrastrado hasta la dejadez. Me evaporo levemente todas las tardes en aquel suelo tibio por el sol mientras divago en mis más estúpidos pensamientos; entonces me dan ganas de huir. Pensé que era pasajero y que el sentimiento de huida que desde hace tiempo venía atormentando e irrumpiendo mi tranquilidad era causa de la expectativa y excitación que provoca saber que uno se enfrentará a algo nuevo, sin embargo aquí estoy en lo nuevo que en menos de poco se convirtió en una rutina que parece de años. Entonces fluye nuevamente aquella agonía que me desabastece y enerva la conciencia. Mis pensamientos sólo son un molesto enjambre de vocecitas que se enfrentan a sí mismas. No sé a qué edad llegó este vívido agotamiento que me engaña por pequeños períodos, pero no lo soporto ya. En todos lados me pica la piel y con ella todo mi ser y mi alma si es que existe alguna, en todos lados me siento espectadora, como si todo fuese una parodia de quinta y estuviese en el público, en las últimas filas, obligada por algún familiar o por algún compromiso fastidioso a estar allí, criticando y analizando todo, ironizando cualquier cosa, disfrutando pequeños lapsos en los que me dejo llevar por alguna escena aunque sin gracia alguna y estúpida sólo para poder resistir la estancia en la sala.

Así que me propongo vagar en sueños, pero no sueño nada, me castigo en las noches antes de dormirme, con el sueño entre los párpados, me contengo y le reprocho a mis sueños para que esta vez sí salgan a pasear por mis ojos cerrados y al día siguiente, aún sin conocer el mecanismo que hace que los sueños aparezcan hechos de imágenes y sonidos, la melancolía me acude. Tal vez en estos días me hunda en la cama y no quede nada de mí, tal vez me hunda en ese piso tibio y quede atrapada en el subsuelo para que el sentimiento de huida sea más que un maldito capricho sin explicación.

Sinsentido

Escribo y siento que siempre falta algo, como si las palabras las sacara de un cubito y aún quedaran palabras en el fondo del cubo en donde yo no alcanzo. Aunque  últimamente me pasa siempre en lo cotidiano, en la rutina; siento que hace falta algo en todo, siento que todo está incompleto.

A las flores les faltan pétalos siempre que las observo y las que parecen estar con los pétalos en armonía carecen de olor.

La tierra en la que camino parece siempre pedir a grito más granos, entonces para no desesperarme me digo “tal vez sólo es este pedazo de tierra en el que estás ahora” y me trago esa mentira que yo misma cocino.

Y los ríos, ¡ay, qué pesar! Parecen haber llorado tanto, parece que nadie les ayudase, esos sí que están devastados, siempre les falta agua, siempre. Están tan incompletos que ya todos se acostumbraron a verlos vacíos.

A los arboles siempre les faltan hojas, y cuando la brisa pasa, -a esa también le hace falta aire- forman berrinches, gritan, saltan, bailan… pidiendo ayuda, advirtiendo de la epidemia.

Pero lo más grave de todo son las personas, esas sí que no tienen salvación, están taaan incompletas que a veces no se ven unas a las otras, aunque estén enfrente. Esas sí que son caso perdido. Caminan en un sinsentido caótico hacia ningún lado, tambaleando por el mismo camino hasta que se caen o se acaba el camino.